Buscar

CUENTOS

BASES XII CONCURSO DE CUENTOS BREVES DEL NORTE DE CHILE

Publicado el 29/04/2014
 

BASES XII CONCURSO DE CUENTOS BREVES DEL NORTE DE CHILE

PUCOBRE y Diario Chañarcillo invitan a todos los niños y niñas de 5to a 8vo básico de establecimientos

educacionales de Atacama, a participar en el 12° Concurso de Cuentos Breves del Norte de Chile.

Entrega de trabajos:

Hasta el Viernes 14 de agosto del 2015 (18:00 Hrs.), con un mínimo de 2 páginas y un máximo de cuatro páginas.

Los cuentos deberán ser presentados en forma manuscrita o impresos a través de un computador. Los profesores

de los alumnos, deberán cautelar que la obra sea escrita solo por el alumno o alumna y responda al género cuento,

y no a leyenda, relato, mito o novela.

Los cuentos deberán desarrollarse en el norte de Chile.

Los participantes, en forma voluntaria, podrán agregar un dibujo o varios dibujos, relacionados con su cuento,

los que deberán ser realizados con lápices de colores en una hoja tamaño carta, separada del texto. En caso de ser

elegido como cuento ganador, estos dibujos, previamente editados, ilustrarán la lectura.

Lugar: Oficinas del Diario Chañarcillo, Maipú 849, Copiapó o en Pucobre, Rancagua N° 200, Copiapó,

Teléfonos: Diario Chañarcillo: 52 2 219582 y/o 52 2 218573

Pucobre: 52 2 205827 y/o 52 2 205843 (celular 7 8772930)

Todos los cuentos ganadores se publicarán en el Diario Chañarcillo, edición impresa y online.

Pucobre editará un libro con los cuentos ganadores de primer, segundo y tercer lugar, más las menciones honrosas.

2015

Bases Cuentos Breves 2015.indd 1 19-06-15 13:48

Premios por categoría:

5º - 6º y 7º - 8° básicos

1er lugar para Escuela o Colegio: 1 computador + impresora.

2do lugar para Escuela o Colegio: 1 computador.

1er lugar niño: 1 notebook.

2do lugar niño: 1 cámara fotográfica digital.

3er lugar niño: 1 bicicleta.

Importante: El establecimiento educacional municipal que remita más cuentos, cuyo contenido esté desarrollado,

tendrá un estímulo especial.

Los colegios podrán ganar solo un premio por categoría.

Patrocinan: Ministerio de Educación-Atacama.

Ilustre Municipalidad de Tierra Amarilla

UNICEF

Organizan: PUCOBRE

Diario Chañarcillo

*** 

X Concurso de Cuentos Breves del Norte de Chile 

CATEGORÍA QUINTO A SEXTO AÑO BÁSICO

EL CACTUS MÁGICO

Primer Premio,
VICENTE CHACÓN MORALES, 5º BÁSICO, COLEGIO BUEN PASTOR

En la región de Atacama, en medio del enorme desierto, había muchos cactus. Cactus que se han adaptado a la aridez del clima, que sobreviven gracias a la escasa hidratación que obtienen de la camanchaca que todos los días recorre silenciosamente el desierto para entregar su humedad y regalar vida a la tierra a través del desierto florido.

Entre medio de todos esos cactus, había uno muy especial, no se diferenciaba de sus hermanos cactus, tenía la misma apariencia física, sin embargo cada noche cambiaba su forma y se convertía en diversos animales que habitan el desierto como: zorros, guanacos, pumas, geckos, vaquitas del desierto, etc. 

Cerca del desierto había un poblado con muchos habitantes, niños, ancianos y mujeres, pero sin hombres, no sabían el por qué, pero los hombres adultos siempre terminaban desapareciendo del pueblo sin razón aparente. Por mucho tiempo los habitantes del pueblo intentaron averiguar por qué motivo los hombres se desaparecían, pero al no encontrar respuesta terminaron aceptando esta situación. 

El cactus mágico se transformaba en un animal diferente cada noche para visitar el poblado, le fascinaba estar cerca de las personas, y se ponía muy triste al no poder ayudarlos, ya que sus poderes mágicos  solo podía realizarlos durante la noche. Trataba de entender por qué los hombres de ese lugar desaparecieron y se prometió a sí mismo que no descansaría hasta resolver el misterio.

Una noche de luna llena, el cactus transformado en zorro, vio a lo lejos algo extraño, era un hombre adulto arrastrándose por el desierto, mal herido y muy cansado. El zorro intentó seguirlo pero el hombre desapareció en medio de una oscura sombra.

El zorro quedó impresionado y extrañado. Pensó que el misterio era más difícil de resolver de lo que pensaba.

Siguió las huellas del hombre y llegó hasta una mina subterránea. Trató de entrar pero estaba bloqueada con una gran roca. Siguió buscando una entrada hasta que por fin pudo ingresar. Silenciosamente pudo ver que todos los hombres estaban trabajando de mineros forzadamente. Vio que sufrían y que estaban muy tristes trabajando para esta sombra oscura que no era más que un brujo que quería quedarse con todo el cobre, el oro y la plata de la región.

El cactus, convertido en zorro, trató de pensar rápidamente en una trampa para el brujo.

Los zorros son astutos, rápidos y ésta era la ocasión de demostrarlo. Silenciosamente se acercó a las rocas que contenían oro y al tocarlas se transformó en un enorme y macizo trozo de oro. El brujo se quedó hipnotizado por este enorme trozo de oro y lo tomó en sus manos. En ese preciso momento amaneció, por lo que el cactus volvió a su estado natural transformándose en un enorme cactus dorado, dejando al brujo capturado en su interior.

Los hombres no podían creer lo que veían, el brujo había desaparecido y en su lugar había un enorme cactus dorado. Los hombres lloraron de alegría al darse cuenta de que por fin eran libres y que podrían volver a sus hogares con sus familias.

Volvieron al poblado y llevaron con ellos este maravilloso cactus dorado, para plantarlo en medio de sus casas. Día a día lo observaban y o cuidaban con mucho esmero sin saber el sacrificio que había hecho este maravilloso cactus mágico del desierto.

***

LA LLARETA DE LAS MINAS

Segundo Premio

GUSTAVO SALINAS SALINAS, 60 BÁSICO, COLEGIO SAN AGUSTÍN DE ATACAMA

Érase una vez, allá el norte de nuestro país, una chinchilla que le gustaba pasear por el Desierto de Atacama. Y un día, en uno de sus paseos, se encontró con unas minas abandonadas. Como era curiosa, entró para saber que contenían. Adentro encontró una llareta que tenía un color muy distinto al normal, se acercó y se dio cuenta de que la llareta lloraba desconsoladamente. Al verla, la chinchilla le preguntó -¿por qué lloras?- y la llareta respondió- ¡es que estoy muy sola! Ya no tengo ganas de crecer, por eso mi color ya no es el mismo-.

La chinchilla muy entusiasmada le ofreció su amistad y le dijo que sería su amiga por siempre y que nunca más estaría sola.

La llareta se puso muy contenta y su color volvió a brillar como antes. 

Pasaron los años y se convirtieron en las mejores amigas que podríamos imaginar. Pero un día, la chinchilla enfermó gravemente. La pobre chinchilla estaba cada día peor, tenía mucha fiebre y sus fuerzas la habían abandonado casi por completo, ya ni siquiera tenía ánimo para alimentarse.

Entonces su amiga llareta se sintió muy triste al ver como su querida chinchilla se apagaba poquito a poco. Fue tanta la tristeza de la llareta, que en ella creció un extraño fruto. Quiso dárselo a su amiga para que sintiera su tristeza y su preocupación. Entonces la llareta sacó sus últimas fuerzas para no defraudar a su amiga y se comió el fruto.

Y así, como por arte de magia, la chinchilla se sanó de todo su mal.

Fue tan grande la alegría de la llareta que comenzó a tener frutos por todas partes, pero estos frutos no eran iguales al que se comió la chinchilla, estos eran fruto de alegría, y era tanta la alegría de la llareta que las minas abandonadas se llenaron con los frutos de la llareta que cuando estaban maduros se convertían en oro sólido. 

Estaban tan llenas de oro las minas abandonadas que su brillo llegó a un pequeño pueblito cercano donde había gente muy pobre. Ellos fueron a ver de dónde salía el brillo y descubrieron el oro. Pronto se llenó de gente de todo el lugar. Llegaron mineros de todas partes a sacar el oro que cada año se acababa y misteriosamente al año siguiente volvía a llenarse. 

Un día llegó un señor muy ambicioso, quería el oro solo para él. Entonces comenzó a observar lo que sucedía en las minas. Así descubrió a las amigas llareta y chinchilla, y descubrió también que el oro era el fruto de la llareta feliz. 

Entonces la arrancó de su lugar y se llevó lejos a su casa, para plantarla y tener el oro solo para él. La Chinchilla, que ya estaba muy vieja, lo siguió sin entender por qué ese señor tan cruel dañaba a su amiga. Pero nada pudo hacer, porque la llareta también estaba muy vieja y al sacarla de su hábitat natural murió.

La chinchilla volvió a las minas y allí se quedó hasta que un día no volvió a despertar.

La gente, al ver que ya no había oro se fue del lugar y poco a poco volvió a ser el mismo lugar solitario de los primeros años, ya que los humanos no volvieron ya más.

“No dejemos que nuestra ambición nos haga perturbar la flora y fauna de nuestras tierras, dejémoslas donde están o terminaremos matándolos a todos”.

*** 

EL ESPÍRITU DEL DESIERTO FLORIDO

Tercer Premio

RODRIGO CARVAJAL MONTENEGRO, 50 BÁSICO, LICEO CATÓLICO ATACAMA

Les voy a contar algo extraordinario que me ocurrió cuando tenía como 8 años.

Una noche, cuando íbamos con mi papá y mi mamá a Caldera para visitar a mi abuelita, pasamos por la carretera oscura y miré por la ventana. De repente una luz llamó mi atención, seguí mirando y me pareció ver un leve resplandor con forma de persona moviéndose por los cerros del desierto. Busqué mi cámara fotográfica y saqué algunas fotos pensando que no iba a salir nada especial.

Cuando llegamos a la casa de mi abuelita, tomamos tecito con unas galletas de avena muy ricas que ella había preparado. Luego, nos pusimos a conversar y me acordé de las fotos que había tomado en el camino. Me puse a ver las fotos y en las imágenes del desierto en la oscuridad, había captado una imagen un poco extraña, como un fantasma, una luz blanca con forma humana, pero no estaba seguro. Les mostré las fotos a mis padres y no encontraron nada especial. Mi abuelita no vio nada, pero mi abuelito reconoció esa imagen y me dijo que había captado la imagen del “espíritu del desierto florido”.

Quedé muy intrigado con sus palabras y le pedí que me contara más. Mi abuelito me contó que había un espíritu bueno que vivía en el desierto para cuidar las semillas de las flores y plantas silvestres que allí florecían. Era una especie de guardián que protegía el lugar, espantando a los insectos, pájaros y personas que quisieran llevarse estas semillas del lugar.

Por esta razón, no debemos cortar las flores, ni llevarnos las semillas para que cuando lleguen las lluvias tengamos otra vez ese maravilloso regalo de la naturaleza.

Al otro día fuimos todos por la carretera y encontramos una entrada al desierto. Por más que miraba y miraba, no veía nada. Por fin encontré algunas semillas en el suelo, pero cuando las fui a tomar un viento más o menos fuerte las corrió de mi alcance. 

Luego intenté tomarlas de nuevo pero no pude. Entonces pensé que era ese espíritu cuidando las semillas. Me dio un poco de miedo pero igual pregunté -¡Espíritu del desierto! ¿Eres tú?- y sopló el viento diciendo que sí.

Me asusté un poco y luego sentí una palmada en mi hombro y me dijo que no tuviera miedo. Era un espíritu amigo y no le gustaba asustar a la gente. No lo podía ver pero sí lo escuchaba. Me contó que llevaba mucho tiempo cuidando ese lugar y que conocía a mi abuelito de niño, cuando él salía a recorrer el desierto en busca de insectos y piedritas. Solo los niños lo pueden ver porque son más respetuosos con la naturaleza que los adultos. Se despidió y un viento tibio se alejó formando un remolino de arena. 

Les conté a todos lo que me había ocurrido y el único que me creyó fue mi abuelito, ya que también él lo había conocido de niño.

Al regresar a Copiapó, nuevamente por la carretera, observé a lo lejos el mismo resplandor y pensé en el espíritu del desierto florido. Qué solo debe sentirse en la soledad del desierto, esperando la próxima lluvia que ojala llegue pronto. 

*** 

EL CARNAVAL DE LAS FLORES

Mención Honrosa

FRANCISCA TAPIA CISTERNA, 50 BÁSICO, LICEO CATÓLICO ATACAMA

Había una vez una niña llamada Emilia. Un día al llegar a su escuela se dio cuenta que sus compañeros estaban muy contentos porque realizarían un paseo a una mina que estaba al norte de la región de Atacama. Pero lo que nadie sabía era que esa mina estaba abandonada. 

Cerca de esa mina vivía hace muchos años una comunidad Colla, y todos ellos se reunían una vez al año para celebrar con mucha alegría un carnaval, al que llamaban El Carnaval de las Flores.

Dentro de la mina crecían flores de plata con pistilos de oro, y se decía que las personas que las tocaran se convertirían en una flor. 

El día en que llegaron, Emilia se distrajo por una de las flores, ella fue la única que había visto una flor que estaba abierta. Sin saber lo que ocurriría se acercó y tocó la flor, convirtiéndose rápidamente en una de ellas.

Luego sus compañeros se dieron cuenta que Emilia ya no estaba, entonces comenzaron a buscarla, pero ya se había convertido en una flor. 

Sus compañeros miraban para todos lados -¡Emilia, Emilia!- y ella respondía: -¡Ey estoy aquí! ¿Acaso no me ven? Después de pasar un largo rato, sus compañeros regresaron pensando que Emilia había desparecido.

Pasaron cuatro años y visitaron la mina unos niños de un quinto año básico. Cuando ellos estaban dentro de la mina Emilia comenzó a gritar -¡Ey ayúdenme por favor! ¡Por favor córtenme la raíz!- Pero nadie la escuchó.

Dentro del grupo había una niña de origen colla y ella comenzó a decirle a sus compañeros que ella conocía una leyenda acerca de esa mina. Decía que había que observar con mucha atención las flores y si una de ellas se movía era una persona. Todos comenzaron a observar todas las flores y se dieron cuenta que una de ellas se movió más que el resto.

Entonces decidieron arrancarla de raíz y dejarla con mucho cuidado tranquila en el suelo de la mina. Había que esperar hasta el otro día para saber si aquella flor era o no una persona. Al otro día regresaron los niños a la mina y Emilia estaba durmiendo en el suelo. La despertaron con mucho cuidado, Emilia despertó y miró para todos lados y se abrazó junto a la niña colla, agradeciéndole por regresarla a la vida. 

Desde ese día, los niños se juntan cada año en la mina para celebrar “El Carnaval de las flores”. 

***

GANADOR DECENIO (2004-2013)

CATEGORÍA QUINTO A SEXTO AÑO BÁSICO

LA GRAN AVENTURA DE PEDRITO HACIA EL TRANQUE LAUTARO 

Primer Premio

María José Córdova Cueto, 6° básico,

Escuela Víctor Sánchez Cabañas

Érase una vez un niño de nombre Pedrito que tenía quince años de edad, al cual le encantaba experimentar nuevas aventuras. Vivía en un pueblito llamado Los Loros, en una casa no muy grande, con su madre y sus dos hermanos, Javier y Constanza, uno de diez años y ella de doce. Su madre había caído enferma de un extraño mal, para el cual solamente había una cura: la flor de loto roja.

En ese valle había muchas flores de loto, pero eran de color azul y no le servían. Crecía en un solo lugar y era el Tranque Lautaro, un sitio donde se almacenaba el agua que bajaba de la cordillera con los deshielos. Solo en un punto de ese lugar crecía esta flor, pero nadie lo conocía.

Pero, Pedrito, al ver a su madre tan enferma, no pensó en las dificultades que habría en el camino ni en los peligros que podrían acecharle. Viendo la posibilidad de que su mamá se recuperara, no lo pensó más, pescó su mochila y emprendió su viaje. Al poco rato de caminar se encuentra con un anciano, que al verlo lo reconoce y le dice:

—Pedrito, ¿qué haces apartado de tu casa? ¿No sabes que estos caminos son peligrosos y engañosos?

—Hola, don Juan. Sí, estoy un poco alejado de casa, pero es porque mi mamá está enferma y necesita una planta para que le hagan un remedio y se recupere. 

El anciano al escucharlo le pregunta qué planta es la que busca para el remedio de su madre. 

—Es la flor de loto roja, que crece en el Tranque Lautaro.

Don Juan le pregunta si sabe de los tres pueblos que debe pasar para llegar al Tranque Lautaro.

—No —le dice Pedrito—. ¿Usted me puede explicar cuáles son esos pueblos?

—Claro. El primero es San Antonio, el segundo es Viña del Cerro y por último está Amolanas. Cada uno tiene su historia y te podrían interesar.

—Gracias, don Juan —le contesta Pedrito—. Y sobre lo de las historias de cada pueblo, no me gustaría saberlas.

Y así sigue su aventura. 

Al llegar al primer pueblo halla un perro y le pregunta si sabe algo sobre la historia del lugar. Y el perro le responde:

—Pero, claro. Aquí yace una de las iglesias más antiguas del valle de Copiapó. Tiene su propia fiesta religiosa, donde se realizan bautizos, matrimonios, etc. Y tu destino está lejos, Pedrito, así que tienes que apresurarte para encontrar esa flor para tu madre.

Así que el niño apuró su paso para llegar lo antes posible al Tranque Lautaro. Después de caminar unos kilómetros llega a Viña del Cerro. Allí se topa con una tórtola, la que le explica la historia local: “Amiguito, aquí se ubican las ruinas de casas y hornos que pertenecieron a los atacameños, una antigua tribu indígena que habitaba a lo largo de la región de Atacama”. Pedrito le da las gracias y sigue su camino.

Ya haciéndose de noche llega a Amolanas, donde un puma le cuenta sobre el Acueducto Amolanas.

—Pedrito, el acueducto fue hecho por los españoles para generar luz en la mina Amolanas, que se encuentra a veinte kilómetros de aquí hacia los cerros. De esa forma hacían trabajar la planta para procesar el mineral de cobre que allí extraían.

Le dio las gracias, no sin antes preguntarle cuánto le faltaba para el Tranque Lautaro.

—No te falta mucho —dijo el puma. 

Pero al verlo tan cansado lo cargó sobre su lomo hasta el Tranque Lautaro, que quedaba a solo 201 escalones de una escalera hecha de piedra. Al llegar, se encontró con un campo lleno de flores de loto rojas. Sonrió y cayó inconsciente por el cansancio.

Al despertar, estaba en su cama y con su madre, feliz y alentada, dándole las gracias por su gran esfuerzo, y a los pies todos los amigos que se había hecho en su gran aventura hacia el Tranque Lautaro.

***

CATEGORÍA SÉPTIMO A OCTAVO AÑO BÁSICO

LA BRUJA DEL DESIERTO

Primer Premio

Michelle Gaytan Silva, 8° básico,

Colegio San Agustín de Atacama

El nacimiento de la Garra de León:

Era una vez, hace muchos años un desierto desolado, que luego fue habitado por brujos, pero estos brujos no eran cualquier clase de magos, eran seres muy buenos que les gustaba embellecer todos los lugares que se encontraban a su paso.

Cuando llegaron a este desierto desolado se encargaron con mucho entusiasmo de llenarlo de flores, así este desierto sería diferente al resto. Había muchos brujos con el poder de crear flores como las Añañucas, que son las más típicas. Pero un día llegó un nuevo ser que a diferencia del resto de los brujos era una mujer, una bruja de muy baja estatura con el cabello rizado de color miel y con pecas en el rostro, ella se llamaba Leonor, todos la envidiaban porque ella tenía un poder diferente al de los demás, podía crear una flor que era de tallos gruesos con grandes hojas verdes; claro que contrastaban con el fuerte rojo del color de las flores, ella la llamó Garra de León porque ella creía que el fuerte color rojo de la flor tenía una esencia de líder y de valentía al igual que un león, con el tiempo esta flor se convirtió en su favorita de todas.

Leonor al saber que todos la envidiaban mantuvo un tiempo escondida su flor por miedo a que los demás brujos la descubrieran e intentaran dañarla.

Lamentablemente después de un tiempo uno de los brujos del grupo encontró la flor que tan escondida tenía Leonor, él sin pensarlo decidió delatarla ante los jefes del grupo de los brujos, y fue así que el grupo de brujos decidió acabar con la flor, porque no les agradaba la idea de que hubiera una flor diferente a las suyas. Leonor se rehusó y decidió huir, entonces se fue a la zona costera del desierto muy lejos del malvado grupo de brujos que quería acabar con su flor.

Los brujos al no estar satisfechos con la idea de que Leonor pudiera reproducir más de esa planta desconocida para ellos, hicieron búsquedas en cada rincón de los sectores cercanos a donde ellos habitaban, pero por desgracia para ellos no pudieron encontrar a Leonor.

Después de un largo tiempo de búsqueda se dieron por vencidos, pero siempre era un tema que les inquietaba. Es por eso que al año siguiente en la misma fecha volvieron a buscarla, los años pasaban y siempre sucedía lo mismo. Hasta que llegó el momento en el que Leonor fue encontrada por uno de los brujos, el miso brujo que la delató por tener una flor diferente, pero esta vez él no buscaba delatarla, tan solo quería disculparse por la acción tan absurda y egoísta que había hecho hace unos años atrás.

Él decide quedarse un tiempo para ayudarla, durante ese tiempo se dieron el trabajo de conocerse el uno al otro y cada uno aprender y nutrirse de las sabidurías mágicas del otro. Pasaban todo el día juntos y fue así como un día por accidente sus poderes mágicos se mezclaron creando una nueva flor a la cual ellos dos le llamaron Oreja de Zorro, por la forma que tenía con hojas casi semicirculares y dobladas hacia arriba. El brujo al darse cuenta de la conexión que existía entre los dos y de todo lo que podía crear junto a ella, decide hacerle compañía para intercambiar trucos y crear nuevas plantas.

Él sabía que cada año en cierta fecha del año los brujos iniciaban una búsqueda por Leonor, así es que decidió ocultar sus plantas durante el tiempo que durara la búsqueda, para que los brujos jamás los encontraran.

Al pasar los años Leonor y el brujo fueron envejeciendo, pero eso no les impidió combinar cuanta idea se les ocurriera y crear las más maravillosas plantas.

Mientras que en el grupo de los brujos ya no tenían nada de especial, solo quedaron sus Añañucas como recuerdo, noticia que llegó a los oídos de Leonor y su fiel acompañante el brujo amigable, quienes se dedicaron de llenar todo el desierto de todo tipo de flores, cada una con su color y especia, era un desierto totalmente diferente a los otros, éstas flores gracias al amor con el que fueron creadas por Leonor y su brujo, se convirtieron en unas flores sabias y fuertes, pero siguiendo la tradición de desaparecer en cierta fecha del año.

Pero Leonor para asegurarse de que sus plantas estarían bien creó una flor llamada Huillis, y todos los Huillis tienen un bulbo con un fuerte olor a ajo, el cual espantaría a los malvados brujos de las plantas de Leonor, además estos bulbos les permiten sobrevivir por largos períodos de sequía así sus plantas estarían seguras por el tiempo suficiente, hasta que los malvados brujos terminaran con su búsqueda. Esta flor la plantó cerca de la zona donde habitaban los malvados brujos, con el propósito de que ellos se fueran de su zona, al mismo tiempo alejándolos de las Flores de Leonor..

Un día normal Leonor estaba tranquilamente hablando con su fiel acompañante el brujo amigable, cuando de repente aparecen los brujos, Leonor estaba asustada no sabía de qué serían capaces los brujos, uno de ellos se acercó a ella y lo único que hizo fue abrazarla y decirle -¡Perdón!-. Ella impresionada de tal acto tan solo aceptó el abrazo.

-Pero, ¿qué está sucediendo?, ¡no los entiendo!- dice Leonor algo confundida.

-Nos dimos cuenta de nuestro error, no debimos haber intentado acabar con tu flor, ahora que hemos viajado en tu búsqueda vimos lo bello que ha quedado el desierto, y todo esto sin ti, no hubiera sido posible ¡Nunca habíamos apreciado tanta magia en el desierto como la hay ahora! no nos dimos cuenta antes, y lo sentimos.

En ese momento Leonor pudo haber pensado en decirles muchas cosas, sobre todo lo que tuvo que hacer para salvar sus flores, y mucho más, pero tan solo sonrió y dijo -Únanse a nosotros y creemos muchas especies más de flores-.

Todos sorprendidos a tal reacción de Leonor, pero por otro lado animados de aquel acto de bondad de ella, que tan solo se sentaron junto a ellos y se quedaron hablando, riendo y compartiendo ideas por horas hasta el amanecer.

Después de eso crearon una nueva comunidad de brujos la cual aceptaba todo tipo de ideas que fueran para ayudar al resto. Con el tiempo se crearon muchas más especies de plantas todas muy bellas y diferentes, lo que las hacía más especiales. Después de 300 años de aventuras juntos, Leonor se ha ido, aunque el alma de Leonor aún sigue en lo que hoy se conoce como el Desierto Florido. Ella se preocupa de sus plantas a diario, las riega haciendo que de las nubes en el cielo caigan gotas de agua, las suficientes para mantener vivo y mágico a su jardín.

***

TIRO

Segundo Premio

Gabriela Chinga Bordones, 8° básico,

Colegio San Agustín de Atacama

En un escarpado cerro al interior de un pueblo  minero, vive Panchito, un pequeño niño de tan solo ocho años, el cual trabaja en un pirquén del sector.

-¡Panchito! Trae la picota fea gritó don Rodolfo.

-¡Voy!... me estoy amarrando los bototos, respondió Panchito.

Don Rodolfo era un viejo amigo de la familia de Panchito, él vivía solo y trabajaba en el mismo pirquén junto al padre de Panchito, el cual falleció mientras se dinamitaba el cerro, para poder sacar un poco de metal, venderlo y llevar alimentos a su casa.

Desde que murió el padre de Panchito, el niño se tuvo que hacer cargo de la familia, su madre y hermano menor. Lo único que heredó de su padre fue una camisa color café con la cual él iba a trabajar todos los días ya que era muy especial para él.

-¡Don Rodolfo!... ¿qué le parece mi camisa?

Don Rodolfo le contesta en un tono alegre y bromeando –Está más o menos nomás po cabro… he visto otras mejores.

Don Rodolfo le cuenta a Panchito que a su padre le gustaban mucho las camisas de color café, ya que le recordaban el color de los cerros, ya que era fanático de su trabajo…

Panchito, a su corta edad, se tuvo que hacer cargo de su familia, ya que en su casa no había nadie más para tomar esa responsabilidad, porque su madre tenía una parálisis en sus piernas y además tenía un hermanito de tan solo dos años.

Fue así que cada mañana Panchito se levantaba muy temprano, tomaba su capacho, picota y una botella de agua para dirigirse, con don Rodolfo, al pirqué a extraer el poco mineral que ahí encontraban.

-Sabes Panchito, una vez tu padre me dijo que él tenía el presentimiento que muy cerca de este pirquén, había una gran vera de oro, pero no sabía en qué sector- dijo don Rodolfo.

-Sí, a mí también me dijo que en algún momento iba a encontrar una gran veta de oro, y así saldríamos de esta pobreza y poder comprarle una silla de ruedas a mi madre, para que ella se pudiese trasladar a cualquier lado- replicó Panchito.

Una mañana cuando Panchito salía de su humilde hogar, se tropieza con un perro que dormía en la puerta de la casa.

-¡Uy, me asustaste quiltro!- exclamó Panchito- ¿y tú de dónde saliste?... ¡ya! ¡Ándate de aquí!

El perro con cara de extrañado lo mira y mueve la cola, pero no se va… -¡ya!... ándate quiltro odioso, viste que no tengo para darle comida a mi familia, menos tendré para alimentarte a ti… ya fuchi…

Panchito siguió con su rutina diaria de camino al pique, paró fuera de la casa de don Rodolfo y lo silbó como todos los días pero se dio cuenta que a su lado se encontraba el perro moviéndole la cola ya que o había seguido desde su casa.

-¿Y ese quiltro de dónde salió?- preguntó don Rodolfo.

-No sé, apareció afuera de mi casa- respondió Panchito.

-Ah… ¿no es tuyo?- dice don Rodolfo.

-No, yo no tengo perro, este viene siguiéndome hace rato… ¡ya fuchi ándate!

El perro, que no era de raza fina y de un color café muy parejo, siguió a Panchito y don Rodolfo, hasta el mismo pirquén donde trabajaban, ahí se echó a un costado del socavón de la entrada y no se movió hasta que terminaron su jornada de trabajo.

Así pasaron los días y el perro no se iba del lado de Panchito, lo seguía donde fuera.

-Oye Panchito… ¿cómo se llama tu perro?- preguntó don Rodolfo.

-No sé no tiene nombre, yo solo lo llamo “perro”- dice Panchito.

-Jajaja… igual que tu padre cuando llegó a trabajar aquí, nadie sabía cómo se llamaba, al final le pusimos “Tiro”, porque esa era su pega, poner los tiros de dinamita para romper el cerro.

-¡Ah!... eso no lo sabía- replicó Panchito.

Un día Panchito se levantó más temprano de lo normal y salió a darle un poco de comida y agua que había sobrado del día anterior, al pobre “perro” como él lo llamaba.

-¡Perro! Ven, come algo, hace más de una semana que no comes nada, pero yo te dije que no tenía comida para darte.

El perro se acercó rápidamente moviendo la cola y lo miró con gran ternura.

Así Panchito inició una nueva jornada de duro trabajo en el pirquén junto a don Rodolfo… pero ese día sería algo especial.

-Ya Panchito hoy vamos a tener que ponerle más esfuerzo y empeño, mira que con lo poco que estamos sacando, no nos alcanza ni para comer.

Fue así que el perro, muy atento a lo que conversaban paró sus orejas, se acercó lentamente a Panchito y de un pequeño mordisco le tiró un cordón del zapato…

-Oye, sale de aquí, no me molestes, mira que tengo mucha pega hoy.

El perro nuevamente se acercó a Panchito pero esta vez con más rapidez y osadía le tiró el pantalón y le ladró varias veces…

-¡Oye perro qué te pasa! Suéltame el pantalón que lo vas a romper y es el más nuevo que tengo- dijo Panchito en tono de broma.

Es así como sorpresivamente el perro corre en una dirección y luego se devuelve, repitiendo esta acción varias veces…

-Y a este qué le pasa, para que quiere algo, está como loco, tal vez quiere que lo siga…

Panchito, con un poco de curiosidad, siguió al perro sin saber dónde iba y por un sendero muy pequeño con varios cerros pedregosos y escarpados que lo rodeaban. Avanzó cerca de dos kilómetros hasta que el perro se detuvo y comenzó con gran rapidez y fuerza a escarbar en un sector, daba ladridos y gemía continuamente. Panchito se acercó, un poco temeroso, pero al llegar al sector donde escarbaba el perro, se dio cuenta que habían unas piedras con un color diferente y con brillos a su alrededor. Rápidamente se dio cuenta que se trataba de mineral abundante, no dudó y se devolvió para avisarle a don Rodolfo lo que el perro había encontrado…

-Don Rodolfo, venga a ver lo que este quiltro encontró, hay mucho mineral de donde sacar- dijo Panchito agitadamente y con una gran sonrisa en su rostro.

Don Rodolfo fue hasta el sector y gracias a su gran experiencia como pirquinero, se dio cuenta que ahí había mineral del bueno, oro, para ser más exacto, el cual podrían extraer de forma fácil y en gran cantidad.

Fue así como decidieron cambiar de faena y comenzar a explotar dicho sector solo con un par de picotas, palas, capachos y carretillas.

Comenzaron a tener más ganancias y pudieron dar de comer al pobre perro quien, siempre feliz moviendo su cola, no se movía de ese sector. Además pudieron llevar más alimentos a su hogar y comprar algunas herramientas nuevas.

-Ya Panchito, hoy tenemos que poner algunos tiros para romper el cerro y sacar más mineral y de mejor ley desde el interior del pique- dijo don Rodolfo.

Don Rodolfo se introdujo unos cuantos metros por el pequeño socavón que habían avanzado solo con picotas y palas y donde una gran roca les impidió el seguir avanzando…

-Ya Panchito anda a esconderte detrás de esa lomita y te tapas con este pedazo de madera grande para que no te lleguen las piedras- dijo don Rodolfo.

Panchito corrió junto al perro y se escondieron unos cuantos metros más allá para esperar la explosión, tal como les dijo don Rodolfo. Pasaron unos cuantos minutos de las primeras explosiones y Panchito se dio cuenta que la explosión no había resultado completa y que además se habían quedados unos tiros sin detonar, corrió a la entrada del pequeño socavón para ver qué pasaba, pero unos metros antes de llegar el perro se abalanza sobre su pierna derecha y lo muerde en la parte trasera; Panchito se detiene bruscamente por el dolor y la rabia que sintió al ser mordido por el perro, pero justo en ese instante se detona el tiro que faltaba y es lanzado por el aire unos cuantos metros producto de la explosión. Don Rodolfo se da cuenta de lo sucedido, pero solo atinó a protegerse de la explosión…

-¡Por la chita!... cómo se te ocurre hacer eso, si no es por el perro esta es la hora que estás muerto igual que tu taita- exclamó don Rodolfo en un tono de nervios, susto y rabia.

-Chupalla, ¡sí!..este perro me salvó la vida ño…- respondió Panchito aún asustado y nervioso.

Fue así entonces como Panchito decidió ponerle nombre al perro y lo llamó “Tiro” al igual que su padre.

Pasaron varios meses y Tiro siguió con Panchito, su familia y don Rodolfo, pero ahora más robusto ya que estaba mejor alimentado. También las ganancias que tenían gracias a la buena ley del mineral que extraían de esa veta encontrada por el perro, les sirvió para vivir de mejor manera, comprar la silla de ruedas a su madre y dar estudios a su hermano. Por otra parte don Rodolfo adquirió maquinaria, camiones, insumos y nuevas herramientas para faena minera.

Pero realmente… ¿de dónde salió ese perro de color café, como el color de las camisas del padre de Panchito?... y ¿cómo sabía del lugar en que se encontraba la veta de oro que los llevó a progresar?...

Yo no sé, pero lo que sí sé, es que creo en la reencarnación.

***

TORÚ Y SU LLAMA

Tercer Premio

Joaquín Hurtado Silva, 70 básico, Liceo Católico Atacama

En un pequeño pueblo Diaguita vivía Torú (toro), un niño de 10 años que era el pastor de las llamas.

Todos los días le decían “sacrifica a la más flaca”, pero él había encariñado con ella, pues habían nacido el mismo día, siempre jugaban y él no quería matarla.

Torú llevó a sus llamas a comer a la cima de un cerro, la comida era poca ya que había llegado el invierno y eso era señal de malas noticias así que bajó para hablar con su madre que trabajaba haciendo cerámica.

-Mamá, creo que debemos irnos de este lugar.

-¿Por qué dices eso Torú?

-Pues porque las montañas no tienen comida para las llamas y así, no podrán sobrevivir.

-Mata a la más flaca y que se la coman.

-No mamá ¿cómo podría hacerlo? Es mi amiga.

-Pues no le importará al pueblo, la mataran ellos cuando vean que el invierno ha llegado.

-Pero yo no quiero.

-Haz lo que tú estimes correcto.

Esa noche Torú llevó a su querida llama a una montaña y le dijo –Todo estará bien, quédate aquí, iré por cosas que me tiene mi madre-. Torú fue por sus cosas, pero cuando regresó su llama no estaba.

La llamó y la llamó, pero no hubo respuesta, así que empezó a caminar para ver si veía o escuchaba algo. Después de buscar y buscar a su llama, Torú sintió que se debía volver y ahí estuvo su segundo problema, con tanta neblina no veía nada, así que caminó hacia la derecha.

Al cabo de cuatro semanas, la neblina se había hecho más densa y el frío intenso, así que para ver mejor se subió a una pequeña montaña de rocas.

Se iba a bajar cuando de repente escuchó un ruido que se le hacía conocido, bajó de la montaña que se dividió en dos partes, dejando un agujero y ahí estaba su llama con las patas atrapadas entre las rocas.

Torú entró para sacarla cuando de pronto parte de la montaña se vino abajo, dejando a Torú inmovilizado, con las piernas atrapadas. Torú trató y trató, pero al final comprendió que no podría salir de ahí.

El invierno se hacía más frío cada vez, Torú abrazó a su llama muy fuerte para no helarse, estuvieron ahí largos días y Torú se iba enfermando cada vez más hasta que la llama empezó a gemir, su amigo ya no se moví ni tampoco estaba caliente, simplemente abrazado a ella con tal fuerza que la llama sabía que no se acabaría. La llama cada vez sentía menos la fuerza de Torú, pero en realidad la que se estaba debilitando era ella, la llama tenía cada vez más sueño, pero no le importaba, hasta que al fin se durmió muy feliz por pasar sus últimos días con niño que la quiso del principio hasta el final.

Portada del dia
Portada

22/05/2017

Portada

21/05/2017

Portada

20/05/2017

Portada

19/05/2017

Portada

18/05/2017

Portada

17/05/2017

Portada

16/05/2017

Lo más leido
Opinión

¿Está llegando la ayuda necesaria para apoyar a los damnificados por las lluvias en Atacama?




Obteniendo resultados de la encuesta. Por favor, espere...



Ver encuestas
anteriores
anteriores
anteriores
anteriores
bases
Indicadores Económicos
© Diario Chañarcillo - Maipú 849 - Copiapó
Teléfonos 522 219044 - 522 218573 - 522 210419
Copiapó / Región de Atacama / CHILE


firma